Categoría: política y cristianismo
15 Diciembre 2006
El hombre moderno ha comprobado el poder del "derecho" que él ha creado. Ha descargado en las leyes la conciencia moral, el bien o el mal cambiando sutílmente el contenido de sus definiciones.
Hoy en día el bien no está definido por la acomodación del obrar al ser; sino en lo que está permitido por la ley; el mal no es lo que daña al ser sino lo que está prohibido. Radicales de esa postura sostienen sin sonrojarse que "si la ley ordena que yo mate a un inocente, debo hacerlo, eso es lo bueno; más bien ya no es tal inocente, porque la ley lo ha declarado culpable". Pero ¿si no ha hecho nada? Daría igual lo que ha hecho o lo que sea ese ser: "el embrión, el feto, es por ley un agresor a su madre si ella no lo desea; el cristiano podría ser un agresor por mostrar con su vida un sistema ético que violenta mis sentimientos".
Pero ese sistema se dice que es un sistema que ha progresado en la conquista de la libertad; se ha liberado de la conciencia de mal, y ha convertido al Parlamento en el nuevo "Dios" que salva. Si cumples mi ley, si me eres obediente y dócil, serás ensalzado por la voluntad colectiva, si bien no evitarás que mañana se pudra tu cuerpo; pero estarás vivo en la conciencia colectiva.
Desde ese avance de las libertades se está dando la paradoja de que el hombre puede ya alienarse, de un modo absoluto, puede, ejerciendo su libertad, decir que le maten, aceptar ¿por qué no? la exclavitud de por vida, admitir el cambio de sexo también de por vida. Pero, curiosamente no puede adoptar, por violentar su libertad, otro tipo de compromiso de por vida como el contraer matrimonio o entregarse al servicio de Dios. Ya no es preciso para matar a un ser humano, en el "progreso de su libertad" mas que lo pida; y, en algunos casos, que sean sus familiares los que lo hagan porque está temporalmente o definitivamente incapacitado para elegir; ese sería el caso de los dementes, los niños sin uso de razón, los niños en el seno de la madre y los enfermos en coma.
Pero se ha progresado en "libertad"; podemos hacer más cosas, pero no podemos hacer otras. Esas personas que deciden libremente su muerte no tienen vuelta atrás; y los que son matados porque lo deciden otro son valorados menos íncluso que los animales, seres que sin uso de razón, empiezan a adquirir derechos en los países occidentales.
La culminación de ese progreso en "libertad" ha llegado al subordinar al hombre a la "ciencia"; el progreso exige que experimentemos, en bien del hombre colectivo, con el hombre individual real, con el de carne y hueso. La ley española de investigación biomédica es un claro ejemplo de esa situación. El servicio a la humanidad exige sacrificios y además es por encontrar un nuevo tipo de hombre más duradero, menos susceptible a las enfermedades, y -especialmente deseado- sin la debilidad que significa la conciencia de pecado, todo unido con algo contradictorio: más inteligente ¿y sin conciencia de bien o de mal?
Pero ese superhombre, curiosamente servido por los "hombrecillos del hoy", sin existir siquiera, nos ha convertido en objetos y piezas del proceso de fabricación.
El mundo es hoy un inmenso taller dirigido por los "iluminados progresistas"; un taller donde el hombre es sólo o un objeto de recambio (por eso se ensaya y manipula con embriones humanos, para encontrar esas piezas; se matan vidas para "salvar vidas"; hay vidas más valiosas que otras); piezas del proceso de fabricación o elementos "inteligentes" de la cadena productiva mientras la vida activa sea rentable o mientras estemos en el partido adecuado; o, y son la mayoría, piezas desechables (y digo que son la mayoría porque desde el ecologismo socialista ya se anuncia que al menos sobra la mitad de la población del planeta para que sea sostenible). Y, somos incluso, la pieza del deseo: objetos de lujo; niños traídos a la tierra por encargo con un control de calidad que no se para en consideraciones éticas y desecha sin problemas los "elementos con algunas taras o algunas características no deseadas".
La única fuerza moral contra este "iluminismo progresista" que no es otra cosa que la "implantación de la cultura de la muerte" o un nuevo modo de ofrecer sacrificios humanos a Balaam, a los dioses tótemes fenicios de la más profunda raiz mistérica europea, está en la verdadera cultura de la vida.
Y, curiosamente, el único que tiene valor moral para defender la vida en todos sus estados, para defender al hombre con su conciencia individual y su valor irrepetible, es el cristianismo; y más en concreto, el ejemplo de esa lucha titánica de la vida contra la muerte fue Juan Pablo II cuando decía que el "ser humano era el único querido por Dios por sí mismo", que es irrepetible; también lo es Benedicto XVI cuando apela a la "razón" para encontrar la verdad del hombre; y lo fue su fundador, Jesucristo, que murío, siendo Dios, por cada persona concreta, para redimirla y que alcanzara la vida eterna. Pero Jesús dijo "convertíos"; la liberación del hombre pasa por la conciencia moral.
El superhombre inexistente está hoy esclavizando al hombre existente. El mensaje de un pensador cristiano podría ser: tú eres irrepetible, por tí DIos se hizo hombre, tu vida tiene todo el valor de la Sangre de Cristo, no permitas que te eliminen ni que eliminen al indefenso.
Y nos llama el "superhombre" intransigentes porque teniendo ante nuestros ojos la vida y la muerte para elegir, ¡hemos elegido la vida!
frid
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15 Diciembre 2006
Ayer tuve la ocasión maravillosa de disertar con un grupo de profesionales del derecho, personas jóvenes todos ellos, sobre la acción pública de los católicos, mostrando que hoy es una necesidad ineludible.
Se acabaron los tiempos en los que el aire nos daba de cara, en el que la sociedad era cristiana, las costumbres estaban impregnadas del cristianismo, y la cultura impregnada del humanismo cristiano se manifestaba de modo natural y sin violencia en la vida social y en las costumbres.
El mundo occidental se ha "liberado", ha buscado un nuevo paradigma de acción, y ha vuelto a resucitar viejos fantasmas creadores de meta-realidades; es decir de programas elaborados por la voluntad de unos pocos que se intentan imponer como nuevos modelos del orden social.
Esa situación no es nueva. El mundo occidenteal ha sufrido ya los frutos amargos de la arquitectura social, de esos mundos de diseño pero de un modo bélico y combativo. Por una parte el subjetivismo individualista, en de la voluntad de poder nietziano que negando a Dios y exaltando al hombre, propició que uno, el duce, el fürer, provenientes de planteamientos socialistas, se encontrara cómodamenta asentado en la construcción de un mundo de poder en el que esa voluntad soberana manejaba, como un cuerpo único a toda la sociedad. El cuerpo único era la raza, un grupo diferenciado con un único sentir y pensar, que pasó a dominar el mundo. Su sistema social no fracasó, económicamente iba bien, simplemente fue derrotado por las armas.
Por otra parte el materialismo colectivista también hizo sus mundos de diseño; sin Dios y sin creer en el hombre individual, descansaron su fuerza en la "humanidad", que estaba representada en el Partido único; si bien dentro del partido la voluntad y el pensamiento colectivo tenía un líder indiscutible, un portavoz único e indiscutible resultado de una lucha inmisericorde por el poder y por el control del partido. Ese sistema ganó la guerra mundial y sembró Europa de mártires y millones de muertos callados miserablemente por la "progresía europea", que con su silencio se hizo culpable de tamaño genocidio como nunca se ha conocido en Europa. Sin embargo, ese sistema fracasó socialmente. El paraíso que se esperaba conseguir no llegaba, y se sacrificaba al hombre real de un modo contínuo y sistemático en aras a la hipotética humanidad feliz.
La estrategia del mal ha cambiado. De alguna manera ha sintetizado ambas posturas pero eliminado "inicialmente" el procedimiento belicista. Su orientación materialista ha elegido un nuevo paradigma: la construcción de una sociedad sin conciencia de pecado, donde sea el Parlamento el que sustituya la conciencia individual del hombre o la conciencia colectiva de la humanidad. El hombre vuelve a intentar una construcción de sí mismo pero diluyendo el hecho en un Parlamento soberano. El bien y el mal, lo que es el ámbito de la libertad, lo que el individuo debe pensar, se establece por el consenso colectivo; pero un consenso colectivo elaborado en un sistema de partidos donde las luchas individualistas por ser el Líder y pensador único siguen en pié; y, por tanto, se ha vuelto a generar, sobre todo en el mundo latino otro tipo de "duce", en este caso el presidente del partido populista correspondiente: Chávez, Morales, Rodríguez Zapatero son tres clarísimos ejemplos.
Este nuevo líder presenta las características típicas de Hitler pre-bélico; él es el Partido, o mejor dicho la voluntad y el pensamiento del Partido; el Partido es el órgano de Gobierno y por tanto el nervio, la red arterial y los huesos del nuevo cuerpo colectivo; y los ciudadanos que no son el Partido son la masa amorfa que se ha de educar, dirigir o manipular. Un nuevo modelo social materialista y ateo se ha construído con apariencia de legalidad al mantener todavía las estructuras políticas que los auparon al poder. En España Europa es un freno; pero en los países americanos el freno no existe y se gobierna manifiestamente contra todo modo de pensamiento y organización que pueda ser alternativa a ese sistema liberticida.
Sin embargo, Europa misma no es un refugio de la libertad; el subjetivismo individualista ha llevado a países como Holanda a convertirse en paraísos de la muerte. Un sistema legal holandés, pero en mayor o menor grado, europeo, donde la categoría de la persona no es una realidad pacíficamente poseída, sino una condición que se obtiene por la ley. De ahí que los embriones (seres humanos en el seno de la madre); los niños nacidos con ciertas deformaciones (en algún país europeo); ciertos discapacitados; enfermos con una enfermedad grave y dolorosa; ancianos y otras personas que no gozan de la salud deseada o la protección del deseo de los padres o familiares, puedan estar perdiendo la categoría de personas, sean desprotegidos por la ley y, en ese terreno no ético pero legal, sea permitido su eliminación.
Este panorama es un avance ideológico del sistema de muerte al que deriva la visión individualista o colectivista atea; ese es el sistema que se intenta implantar en España con la "Educación para la ciudadanía", diciendo que es Educación para la convivencia; ese es el sistema en el que desde una deformación de la libertad convertida en "hacer lo que me apetece"; exaltada en el modelo de "todo es igualmente válido"; se pasa a eliminar al que no tiene voz (el niño en el seno materno); a implantar como ética la ética de la voluntad de poder en vez de la ética de la razón de bien; y se acaba descargando esa libertad en la moda implantada por la mayoría; "ahora se siente de este modo"; "todo el mundo lo hace"; esquemas de conducta no basados en la razón de lo bueno sino en la razón del sentimiento, de la moda o del deseo.
Curiosamente con sólo una frase de Benedicto XVI se tiene el arma para desmontar tanta mentira: "Dios es razonable"; es decir, busquemos la verdad y el bien que están delante de nuestros ojos y seremos realmente pacíficos, tolerantes, amables, respetuosos con los demás y con la vida, y -además- veremos que justamente creer en ese Dios es la garantía de paz que nuestra civilización ansía.
frid
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4 Octubre 2006

Manifiesto por la verdad, la libertad religiosa y la libertad de expresión
Hazte.Oir ha iniciado una campaña para la defensa de la libertad religiosa y de expresión en Occidente. Atañe, directamente a la libertad de conciencia que todo medio liberal ve como fundamental para la convivencia.
Jueves 28 de septiembre | Libertad religiosa
Libertad religiosa
La reciente manipulación del discurso de Benedicto XVI en Ratisbona ha puesto de manifiesto que laicistas y fundamentalistas islámicos no respetan libertad religiosa ni de expresión. Por otra parte, la respuesta de los mandatarios occidentales, con honrosas excepciones, ha sido vergonzante. El exito de la iniciativa en apoyo de Benedicto XVI el viernes pasado anima a HazteOir.org a promover un manifiesto por "la verdad, la libertad religiosa y la libertad de expresión". ¡Firma el manifiesto!
Ver más en este enlace.
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18 Septiembre 2006
Leyendo forum.libertas me ha surgido esta reflexión sobre Holanda, Europa y la futura Eurabia, cada vez más cercana.
Dice el Ministro holandés de justicia que si dos tercios del electorado votase a favor de sharia, el sistema democrático debería imponer a toda la población la ley coránica. Es simplemente el resultado de la “democracia de la matemática”.
Sin una constitución que impida a la mayoría la tiranía sobre el resto; con una hipertrofización de la “herramienta de la democracia”, el ministro de justicia de Holanda no siente ningún reparo en afirmar cosas como esa; como tampoco pierde el sueño al saber que dos tercios de sus enfermos terminales mueren de modo artificial, por la “piedad mortal de médicos y familiares” que se evitan el engorro de cuidarlos en sus últimos momentos; o de cuidarlos con una vida dependiente.
Algo está resquebrajándose en las democracias occidentales. La sharia es sólo un ejemplo: un ejemplo que incitará a los musulmanes a una emigración salvaje a ese país europeo que será, sin duda ninguna, el primer país musulmán en el centro de Europa. Ellos mismos les han abierto las puertas.
La perversión del ejemplo es grande, pero nadie en Europa habla. No tienen argumentos; enseñan que la verdad no existe y no vale la pena defenderla. Sin verdad no hay derechos humanos; sin derechos humanos la “matemática electoral”, mero instrumento democrático, se convierte en instrumento que conducirá a imponernos leyes que recortan nuestros derechos y nuestras libertades.
Con ese sistema es todo posible: Holanda gobernada por el fundamentalismo islámico; Holanda entregada en manos de un dictador personal; Holanda imponiendo la “eutanasia obligatoria en su modelo de salud”.
Y es que donde el relativismo impera, el hombre camina inexorablemente a la esclavitud. No tiene freno la “renuncia de sus libertades”; nadie protegerá a ese loco que se empeña en tirarse por la ventana, ¡pero ese loco es hoy todo un país! ¿será mañana toda Europa?
frid
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5 Septiembre 2006
De esas charlas de café...
Un comentario de un "genio" de la objetividad: soy ateo porque en nombre de la religión se han justificado todos los fanatismos.
Un único saco y una única causa... enhorabuena a esa persona que tonto no es, es ingeniero... pero tan ingeniero como sectario.
Una triste realidad: regímenes derivados del ateismo y de la progresión filosófica hegeliana: Hitler (nietsiano) y Lenin and Estalin (marxistas)... ¿hermanitas de la caridad ateas?
Uno el paradigma del mal, porque es fascista. Por supuesto.
El otro, "pasemos de puntillas porque es de los nuestros", de Zp and company.
Pero ese otro, ateo (por supuesto) causó más muertes que la segunda guerra mundial y él solito. Y Mao en China, y los comunistas de Corea y Vietnam. Esos ¿qué religión tienen sino la misma que Zp y esos ateos objetivos que nos han salido del armario con prisas para educarnos en la ciudadanía?
Conclusión: la maldad está en el ser humano. Si ese ser prescinde de Dios es más fácil que prescinda de los hombres.
Lección: la humildad de los católicos que son los únicos que perdonan y piden perdón por sus errores.
Yo me quedo con Dios, por supuesto.
frid
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26 Agosto 2006
La salvaguarda de la democracia exige coherencia en la búsqueda de la verdad, de la justicia social y del respeto al ser humano.
BUSCAR LA VERDAD, CONDICIÓN PARA UNA DEMOCRACIA REAL
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Traigo como objeto de reflexión parte del discurso de Benedicto XVI a un grupo de dirigentes de las Asociaciones Cristianas de Trabajadores Italianos (ACLI), con motivo del 60 aniversario de la fundación en enero de 2006:
En su discurso, el Santo Padre recordó las tres "consignas" que se han comprometido a encarnar a lo largo de su historia. La primera, dijo, "la fidelidad a los trabajadores". En este contexto, afirmó que el Magisterio siempre ha subrayado la dimensión humana del trabajo, sin olvidar el "mandamiento del descanso. Por eso, exigir que el domingo no se parangone al resto de los días de la semana es un deber a favor de la civilización".
"Del primado del valor ético del trabajo humano -continuó-, derivan otras prioridades: la del ser humano sobre el mismo trabajo, la del trabajo sobre el capital, la del destino universal de los bienes sobre el derecho a la propiedad privada: en resumen, la prioridad del ser sobre el tener".
Tras poner de relieve que en nuestro tiempo la ciencia y la técnica "ofrecen posibilidades extraordinarias para mejorar la existencia de todos", Benedicto XVI subrayó que "un uso equivocado de este poder puede provocar amenazas serias e irreparables para el destino de la misma vida".
"La tutela de la vida desde la concepción hasta su término natural donde se vea amenazada, ofendida o pisoteada, es el primer deber en el que se expresa una auténtica ética de la responsabilidad, que se extiende coherentemente a todas las demás formas de pobreza, de injusticia y de exclusión".
"La "fidelidad a la democracia", que solamente puede garantizar la igualdad y los derechos para todos", es -dijo- la segunda consigna". El Papa afirmó que "la justicia es el requisito indispensable de una auténtica democracia. Dicho esto, no hay que olvidar que la búsqueda de la verdad constituye al mismo tiempo la condición para una democracia real y no aparente: "Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia", dijo citando la encíclica de Juan Pablo II "Centesimus annus".
El Santo Padre señaló que la tercera consigna es "la fidelidad a la Iglesia". "Solo una adhesión cordial y apasionada al camino eclesial garantiza aquella necesaria identidad que se hace presente en todos los ámbitos de la sociedad y del mundo, sin perder el sabor y el perfume del Evangelio".
"Como laicos y trabajadores cristianos asociados -concluyó- cuidad siempre la formación de vuestros socios y dirigentes, en la perspectiva del servicio peculiar al que estáis llamados. (...) Estad presentes con valentía en los ámbitos cruciales de la vida social".
Publicado en el VIS (Vatican Information Service) del 27 de enero 2006.
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22 Agosto 2006
Algunos ateos colgados en la red han "colgado" un manifiesto para rebatir la existencia de Dios, creía que su argumento iba a ser fruto de pensamiento propio... pero se han limitado a exponer las doce tesis que Sebastián Faure presenta para probar la inexistencia de Dios, como nuevo tablón en el Nuremberg virtual de sus blogs.
La primera cuestión que afirman es la imposibilidad de la creación... para ello realmente plantean una premisa correcta: Crear es hacer las cosas de la nada... ex nihilo. Y, ciertamente, reconocen que eso es imposible para el ser humano.
Nosotros vemos siempre que unos seres provienen de otros... los hijos de los padres; también reconocemos en los estratos geológicos un origen de las piedras sedimentarias y metamórficas; en los mecanismos de la técnica claramente utilizamos instrumentos y materia prima... tanto los seres materiales como los hombres estamos continuamente "reciclando" material y vida.
Ahí es donde se da el salto demagógico... "como no puedo imaginar una creación"... "como no veo en la tierra ninguna creación"... pues al "serme" incomprensible... no existe.
Hay que fijarse que esa afirmación centra la atención en el hombre como ser de inteligencia absoluta... todo lo que no puedo imaginar, todo lo que no haya visto o experimentado previamente, todo lo que no pueda hacer, todo lo que no pueda comprender... no existe.
Simplificando... todo lo que supere mi capacidad es imposible. Supongo que esa capacidad no será la propia... sino la del ser más inteligente de la especie humana... por no excluir del mundo de los tontos o de los locos toda la realidad que no podrán en esta vida comprender.
Pero es que lo que plantea la creación son dos cosas... que el hombre no es el ser más inteligente posible y que puede haber un ser superior al hombre con otras potencialidades desconocidas.
Los antiguos, y algunos pueblos animistas de África, asignaban a la Naturaleza un poder especial... y la divinizaban... en parte porque su ciencia era inferior a la nuestra y se sentían abrumados ante la potencia "casi infinita" que presentaban las fuerzas naturales.
Hoy en día tampoco estamos lejos de los antiguos... nos excede enormente el Universo tanto macroscópico como microscópico... no captamos mas que el modo de funcionamiento de las cosas, algunos de esos modos y de algunas cosas. Creemos que vamos a entender la clave de la fabricación de la vida... pero bien decimos "fabricación", siempre utilizando materia viva (por ahora).
Pero con esta digresión lo que pretendo mostrar es que es más lo que el hombre desconoce que lo que conoce y que "cerrarse a lo desconocido" es un gran atrevimiento.
La creación supone la existencia de un Ser Superior... infinitamente superior al hombre. No se puede demostrar que la creación no se haya realizado... de hecho en algún momento todo esto comenzó a funcionar. El big-bang o la gran explosión no explicarían el estado anterior a ese big-bang...
La honradez del ateo le debería llevar a seguir buscando el primer estado de la materia... y plantearse ¿antes de ello, qué?...
Ese antes de ello, ¿qué? es lo que lleva a mucha gente normal, muchos científicos también, a pensar que nada excluye un hecho creador... antes no había nada material, después todo este teatro comenzó. ¿Cómo fue? ¿Quién lo hizo? ¿Porqué lo hizo?... esas son otras preguntas... pero lo seguro es que alguien empezó esta movida no fue un hombre.
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16 Agosto 2006
Objeción de conciencia, derecho fundamental cuestionado
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Estoy releyendo las cartas que se cruzaron Tomás Moro con su hija Margaret cuando el ex Lord Canciller cambió su residencia por la Torre de Londres, estación de paso para su ingreso definitivo a la patria del Cielo.
El gran tema del debate que se cruzaron ambos personajes, de los más cultos de su tiempo, fue el asunto de la necesidad de seguir el dictado de la conciencia en temas tan fundamentales como el Acta de Sucesión y el Juramento de la Supremacía.
Argumento a favor del juramento: la autoridad de las presonas que ya lo habían realizado. Tomás ¿debería ser tan recalcitrante para seguir su opinión frente la tan autorizada de la mayoría de la corte y eclesiásticos de Inglaterra?
Sir Tomas afirma que él con gusto seguiría el parecer de esos prohombres si le convenciesen los argumentos que le presentan, que los ha estudiado con detalle, pero que encuentra más de peso y congruentes los suyos y no puede jurar sin gran detrimento de su conciencia... y, en consecuencia, de su salvación eterna.
No se dedica a criticar ni a rebatir a los que han jurado, entiende que pueden haber llegado a ese juramento de buena fe, no necesariamente por miedo de la pérdida de la vida temporal o de la hacienda, pero que él no puede presentarse al tribunal del alma diciendo que ha obrado según el parecer de otros y en contra de su conciencia, porque será juzgado según su propia conciencia.
Intenta desesperadamente dejar clara su lealtad al Rey, lo que le permitiría jurar el acta de sucesión con ligeros cambios, ya que (sin expresarlo directamente) no puede conceder al poder temporal la potestad de anular el matrimonio canónico, pero sí puede jurar la sucesión legitimada por el deseo del rey, que es la ley... pero la ley humana.
Sus equilibrios entre la lealtad a Inglaterra y la lealtad a Dios no le salvaron la vida, si bien hoy le tenemos entre los santos de la Iglesia, entre las figuras admiradas por los ingleses y como paradigma del político leal a Dios y al Estado.
Hoy en día, en Occidente, no perdemos la vida por actuar según conciencia, pero nos colocamos peligrosamente en una ciudadanía de segunda categoría.
Eso es así, fundamentalmente, porque el bien o el mal ya no se juzgan por la "esencia" de las cosas, por su verdad íntima, por un criterio objetivo. Hoy no es tan claro, por ejemplo, el "no matarás". Ya se le pone un pero: sí puedes matar a un ser humano en estado embrionario, sí puedes matarte o matar si juzgas que no tienes suficiente calidad de vida, sí puedes matar si utilizas "técnicas modernas de presión política" (como han llamado recientemente al terrorismo los vascos profundos).
Ante esa situación, la sociedad genera más y más conflictos para toda persona que tenga principios, que tenga conciencia y quiera vivir como elemento activo de su propia sociedad.
Si la ley define que la unión de dos homosexuales es matrimonio... o lo tragas, o se te dimite como concejal de un ayuntamiento o se te veta como posible Comisario europeo. Y, si eres juez, estás tan obligado a la ley que la debes aplicar aunque sea inicua, casi de un modo determinista: no se te admite la objeción. No tienes derecho a tener conciencia, ni alma, ni principios.
En los aspectos morales o éticos de la medicina y de la ciencia biomédica hay una presión tremenda para imponer al profesional lo que la ley permite, ya que genera un derecho al individuo que, al menos, la sanidad pública debe satisfacer.
En definitiva, la simplificación del problema presiona para anular la opción de conciencia. Es más fácil regular un sistema único, en el que todos obedecen ciegamente la ley aunque haya creado un gran debate social y las personas con principios (no necesariamente religiosos), hayan manifestado su opinión en conciencia opuesta a determinadas leyes. Y esa oposición no ha sido por asuntos baladís, sino por motivos serios, muy serios: se está dejando indefensas a personas inocentes, se está atentando contra la estructura familiar (que algunos consideran básica para el buen gobierno de la sociedad), se está manipulando a los seres humanos para convertirlos en mercancía y elemento de investigación genética y un largo etcétera.
Ese sistema, ciertamente, es más sencillo... pero en cuanto sencillo es falso y falto de vida. Hoy a Tomás Moro no se le condenaría a muerte, pero se le expulsaría de la vida pública por los mismos argumentos de Enrique VIII en el siglo XVI. La voluntad del rey es la ley... la voluntad de la mayoría es la ley... pero esa ley no hace la conciencia... y la libertad de conciencia debe incluirse en el ordenamiento legal de una democracia, para que en ella quepamos todos
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